El mundo de ayer y hoy
He aprovechado las vacaciones para cambiar de lugar, pero también de época. Estoy en un lugar conocido y fabuloso como es la isla de El Hierro y me acerco a una etapa de la que solo he vislumbrado reflejos, el final del siglo XIX y el siglo XX hasta el comienzo de la segunda guerra mundial.
En este viaje en el tiempo me llevan de la mano Stefan Zweig y su generosa cordialidad para narrar, con una lúcida mirada, las ambiciones y también penalidades de sus diferentes décadas, y el texto Los europeos del historiador Orlando Figes.
Ambos recogen aspectos de la cultura que nos ayudan a entender el mundo que vivimos, no es raro que mucha opinión publicada diga que El mundo de ayer, de Zweig, es un pronóstico de lo que podría ser nuestro mundo si cometemos los mismos errores.
Es una etapa especialmente relevante en la relación tecnología-cultura y en la consolidación de los mercados capitalistas tal como los conocemos hoy. Revisar este periodo es útil para no pasarnos la vida descubriendo mediterráneos y proclamando que somos los primeros en todo lo habido y por haber.
La revolución de los viajes, a través del tren, influyó en la revolución de la cultura, a través de la edición, traducción y difusión de libros. Por no hablar de la fotografía y el cine. Las clases burguesas condicionaron directamente la estructura del mercado artístico. El agotamiento de la primera guerra mundial influyó en la ruptura de los valores y prácticas de la cultura anterior, y dio lugar a la experimentación y gran parte de los “ismos” acuñados en la historia del arte. El intercambio comercial y cultural entre los países de Europa facilitó una intelectualidad más cosmopolita, y viceversa.
Fue el momento de la definición de muchos formatos y cambios en la forma de programar en función del mercado, desde el tamaño y contenido de los cuadros, hasta la duración de los films y su forma de difusión, o el tamaño, composición y desarrollo, del retrato en la fotografía. También de la consolidación de los derechos de autor, que ya existían en Francia desde 1793.
La idea de una europa pacífica, democrática, respetuosa y liberal, subyace en el texto de Zweig, que también viajó para conocer la Unión Soviética. Austriaco de origen judío, fue uno de los escritores más populares de su época y entabló amistad o conocimiento con algunas de sus más relevantes figuras (Rilke, Tolstoi, Valéry, Gorki, Strauss, Croce, Rolland, Gide, Wells, Shaw, Rodin, Renoir, Delacroix, Rossini y muchos más). Me sorprendió especialmente su comentario: ”En una de mis últimas visitas llevé conmigo a Salvador Dalí, en mi opinión el pintor de más talento de la nueva generación, que admiraba enormemente a Freud, mientras yo hablaba con el maestro, él dibujó un esbozo suyo.”


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