Una palabra nueva

Hoy aprendí un término nuevo gracias a la brillante definición del actor George Clooney sobre su gobierno, el estadounidense: caquistocracia. “La caquistocracia (también escrita kakistocracia) es el sistema de gobierno en el que el poder es ejercido por las personas más ineptas, incompetentes, ignorantes o cínicas de una sociedad.”

Clooney, que tiene mismamente mi edad pero con belleza, inteligencia, humor y talento, hizo esta declaración en el Festival de Venecia. Y digo tiene mi edad porque a los 64 años podemos haber conocido, obviamente él más y a otro nivel, a muchos dirigentes políticos y personajes afines, y por lo tanto, más allá de lecturas y comentarios de otros, decimos lo que nos parece con conocimiento de causa y patente de viejo.  

Decir que Trump es un indeseable negociante, cuyas luces no van mucho más allá del símbolo del dólar y cuya moral depende del mejor postor y su conveniencia personal, es una evidencia. Confirmar que además promueve un sistema que subvierte los principios más elementales de la decencia y los derechos humanos es algo que comprobamos cada día, en Israel, Gaza, el Líbano, Irán, Ucrania, en los USA y en el resto del mundo.

Dejando los latines o griegos, caquistocracia también suena a caca, lamentable el pestífero olor que tenemos que soportar de estos gobernantes.

Volviendo a casa, oigo a nuestro presidente Sánchez comentar en TVE, que necesitamos “unos servicios de inteligencia más sofisticados” ¡que resuciten a Balenciaga, por favor! Lo comenta a unos periodistas, amigos suyos, en TVE, con el Consejo de redacción de TVE diciendo que así no se hacen las cosas, pero esto último no sale en la noticia del telediario. Si sale que el Ministerio del interior tiene un informe con una lista de periodistas calificados por su orientación ideológica… El presidente dice que es un error, el tufillo es lamentable.

El problema ya no es la posverdad, el problema es la ausencia de realidad. La neurona en vacaciones permanentes. Estos individuos crean y difunden a conveniencia lo que ha sucedido, nadie es responsable de nada, la idea fuerza es que el país del quemasdá tiene su economía viento en popa.

Y mientras, los de mi edad, asustados por las pensiones, discutimos si seguir votando al menos malo, aunque nos engañe, porque no todos somos tan ricos, guapos, listos y talentosos, como George Clooney, aunque eso sí tratamos de echarle todo el humor posible.

Hay quien todavía se escandaliza del ascenso de la ultraderecha. Clooney llama a las cosas por su nombre ¿Cómo llamaríamos a los que aplauden o no reaccíonan ante las barbaridades de la caquistocracia? A los engañados por Trump, a Von der Leyen y su pragmatismo, al presidente de la FIFA y resto de arribistas militantes: cómplices, encubridores, consentidores, sumisos, vasallos, abúlicos, pasivos, resignados, adocenados, alienados, indiferentes, apáticos, insensibles, cobardes, pusilánimes, impasibles, anómicos, serviles, conformistas, aduladores, lacayos, secuaces, colaboracionistas, sádicos, inmorales, indignos, pesebristas…

Hay que respetar a las personas y el voto popular, vale ya de invitar a jugar a la ultraderecha. La primera es no eludir la realidad, no contar mentiras y llamar a las cosas por su nombre.

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